Sí, el divorcio puede afectar a los niños, pero el impacto depende de cómo los padres manejen la situación.
Algunas consecuencias pueden ser:
- Tristeza, enojo o confusión.
- Ansiedad o estrés.
- Cambios en el rendimiento escolar.
- Dificultades para relacionarse con otras personas.
- Sentimientos de culpa o miedo al abandono.
Sin embargo, cuando los padres mantienen una buena comunicación, evitan los conflictos frente a los hijos y les brindan apoyo emocional, muchos niños logran adaptarse de manera saludable.
En resumen, el divorcio no siempre perjudica a los niños; lo que más influye es el nivel de conflicto entre los padres y el apoyo que reciben durante el proceso.

